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¡ALEGRIA!
Esta
es la expresión más grande del
Nuevo Año. Pudimos vivir la Navidad, ¡que alegría!
Soy feliz,
gozo de paz, armonía, serenidad, me siento llena del amor de Dios, siento
que ama, está tan cerca de mí, hablo con Él, todos los días. Él me ha
regalado lo más hermoso: La verdadera felicidad, puedo reír,
amar, aún en medio de mis nostalgias, mis recuerdos, añoro mis
seres queridos, mis costumbres, mis amigos, pero nada de eso me
perturba ni inquieta mi amor por el Señor. Él ha cambiado mi vida,
ha hecho de mí una persona llena de amor, con un alma saturada de Espíritu,
que me hace más justa, más comprensiva, más paciente, más entregada.
Ese
es el motivo de mi felicidad que puedo sonreír y abrazar con amor sincero
y desinteresado al amigo y al enemigo. Es mi mas hermosa vivencia
del Año Nuevo, puedo mirar con más claridad las cosas que antes no
entendía. En mi trabajo y en vida cotidiana, Dios ha permanecido conmigo,
en mis flaquezas, en el dolor, en la desilusión, pero también en mis
alegrías. He recibido de Él, el regalo más hermoso: ¡Una Feliz
Navidad! ¡Un venturoso Año Nuevo!
Por
eso hay que lograr que en el mundo (que somos todos los hombres) tengamos
el amor a Dios y buena voluntad con los semejantes.
Hay algo más que celebrar que tener pesebres y lucecitas de colores. Cada
año por no decir cada día, nace Jesús en nosotros y debemos ser dignos
de tan magnánimo acontecimiento.
¡QUE
LA PAZ SEA SIEMPRE CON NOSOTROS!
Ruth
Bermeo
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