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EN LA GLORIA DE DIOS P. Gregorio Mateu Desde
la fe quiero dar un grito de esperanza. Juan Pablo II ha resucitado a una vida
que no acabará jamás. La historia del sufrimiento y del dolor ha marcado la
vida de este hombre providencial, dando testimonio siempre de entereza y de
valor. Siento
en lo más profundo de mi ser un intenso dolor por la pérdida de un buen Padre:
pero, siento, al mismo tiempo, una inmensa alegría porque ha dejado de sufrir.
La gloria de Dios le envuelve plenamente, dándole el premio que Dios tiene
preparado a los siervos buenos y prudentes que pasaron por esta vida dejando una
maravillosa huella de bondad. El
mundo llora la pérdida de un buen Padre. Los
jóvenes sienten la ausencia de un gran amigo. Los
pobres han perdido a su mejor defensor. Los
creyentes echarán en falta a un gran testigo de fe. Los
confundidos en el mar del mundo, han perdido el faro que les guiaba hacia el
puerto seguro. Los
hermanos de otras religiones sienten que se ha
ido el reconciliador sin fronteras. Los
amantes de la paz miran hacia arriba confiando que desde la otra orilla lanza
misiles de amor en
los campos de la guerra. Los
sacerdotes sentimos la nostalgia del Pastor que
supo guiar el ejército de los creyentes. Los
hombres de buena voluntad sabrán que en
el Reino de la vida tienen un intercesor. ¡DESCANSE
EN PAZ!
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