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LAS SIETE PALABRAS
    

                Dicen que "nadie tiene mas amor que el que da la vida por sus amigos". Eso es lo que hizo Jesucristo y eso es lo que conmemoramos año tras año  en la que llamamos la Semana Santa.
            Cristo, entendiendo bien su misión y su destino, como hombre que es, sufre la limitación de los hombres que es el pecado. Porque a su paso por las aldeas , campos, ríos, montañas y ciudades, ha descubierto todo el odio albergado en el corazón del hombre, así como la venganza, la violencia, la muerte y por eso, ahora, exclama en la Cruz, "perdónales señor que no saben lo que hacen".
            ¿Sabe lo que esta haciendo? Pues esta pidiendo perdón a Dios por ti, por mi, por nuestros padres, porque somos pecadores y a veces, no nos atrevemos a pedir misericordia al Padre que nos ama.
            Y es que de tanta traición que El sufre, todavía busca arrepentimiento. Después de tanto pecado, tuyo y mío, Jesucristo sigue siendo nuestra esperanza de salvación.
            Para hacer una confesión bien hecha, no es suficiente con reconocer, con enmendar y pedir perdón por nuestros pecados, sino que hace falta también que sepamos levantarnos de nuestra calamidad e intentemos reparar el daño que hemos hecho. Por eso le dice, te dice y me dice:"te lo aseguro hoy estarás conmigo en el paraíso."
    Ten piedad Dios mío   
    Dame tu perdón
    Soy un peregrino
    Soy un pecador
    Vengo arrepentido   
    Ten piedad Señor
    Y vuelve a mi Tus ojos con Amor.

            Las Madres de "la Plaza de Mayo en Argentina" que perdieron a sus hijos en la dictadura pasada, reclaman a sus hijos sin vergüenza, pero con lágrimas de cristal, para que el paso del tiempo no sea capaz de secar. Y sin embargo ahí están con el corazón lleno de esperanza, pidiendo justicia, para que algún día puedan escuchar estas palabras llenas de esperanza: "Mujer ahí tienes a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre".
            ¿Sabe usted porqué Cristo le grita estas palabras a su Madre? Porque en aquella dictadura y en mil y una batallas y naciones, Cristo desaparece en el corazón de los desapareci- dos,  perseguidos, encarcelados, apaleados, despreciados y marginados, y sin embargo, Dios sigue siendo nuestra Madre y nuestro Padre, que sonríe cuando estamos alegres y hacemos el bien, o se entristece cuando somos verdugos o hacemos el mal.
            ¿Usted vive solo? ¿ha sentido la soledad alguna vez?. Sentirse solo , abandonado, ¡que terrible es!, tal vez rodeado de personas, pero mas solo que la una. Inmerso en la sociedad, pero sufriendo una gran soledad, porque se siente culpable, pecador, mezquino, sucio, deshonesto o qué se yo y por eso el "Gran Abandonado" grita desde el madero:" ¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado?
            Y por tanto mal, tanto daño, al final Cristo tiene sed de justicia. "Tengo sed" y los "soldados se reían y se divertían con El, y mojando un trapo en vinagre se lo daban a beber entre mofas y burlas" ¿Pero qué ha hecho El? ¿Qué has hecho tÚ por El? ¿has dado a beber a Jesús agua pura y verdadera, o por el contrario, está manchada con tu pecado porque recuerda que con el agua que el nos has de dar, nunca mas tendremos sed, es un agua pura eterna cristalina. 
            Y ojalá nunca tengamos que decir "todo está consumado", sino que siempre veamos una luz. La luz que nos guía, que nos salva, que nos alienta a seguir luchando. Que siempre podamos pensar que la esperanza comienza en Dios y vuelve a El y así podamos hacer como Cristo: "abandonarnos en las manos del Padre y encomendar nuestro Espíritu a El" como nos recuerda en esta bellísima oración nuestro hermanito del desierto Charles de Fouceault, cuando reza así:
    Padre,
    me pongo en tus manos.
    Haz de mí lo que quieras.
    Sea lo que sea, 
    te doy gracias.

    Estoy dispuesto a todo.
    Lo acepto todo,
    con tal que tu plan vaya a delante,
    en toda la humanidad y en mí.

    Ilumina mi vida con la claridad de Jesús.
    No vino a ser servido
    sino a servir.
    Que mi vida sea como la de El,
    servir.

    Grano de trigo
    que muere en el surco del mundo.
    Que sea así de verdad padre.

    Te confío mi vida,
    te lo doy. condúceme.
    Envíame aquel Espíritu.

    Que movía a Jesús.
    Me pongo en tus manos,
    Enteramente sin reservas,
    Con una confianza absoluta.
    Porque Tu eres... Mi padre.

    Ahora la octava Palabra, la palabra que sigue, la tiene que decir, usted y usted y yo...ojalá sea buena y esté cargada de Amor.
          Fray Octava Palabra
        Newark Marzo - 2002
 

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