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¡NO
A LA GUERRA!
P.
Gregorio Mateu
Me
llama poderosamente la atención como una gran cantidad de gente en todo
el mundo se adhiere a las manifestaciones contra la guerra. Y, en parte,
me parece lógico. Creo que nadie quiere la guerra. Incluso los que, al
parecer, pueden llevarla a cabo.
Pero me martillea insistentemente la idea de que deberíamos estar
todos en contra de cualquier forma de guerra, y no solamente la que pueden
llevar a cabo algunos países democráticos que, por otra parte, quieren
defenderse de un loco (Sadan Hussein y de sus secuaces) que posee armas de
destrucción masiva que muy poco tienen que ver con la paz que algunos con
tanta insistencia pregonan.
Yo estoy en contra de la guerra. Pero, de la guerra en todas sus
formas. Resulta cínico pregonar la paz y estar destruyéndola en el
entorno familiar. Es una tremenda contradicción rechazar contundentemente
la guerra y simpatizar con el terrorismo.
Yo me manifiesto hoy contra la guerra que provocan los terroristas.
Atacando a gente inocente, matando en nombre de Dios, confundiendo los
valores más sagrados de la vida con vulgares fanatismos que nos tienen a
todos sobrecogidos de terror.
Yo me manifiesto contra la guerra desatada injustamente contra
miles de niños todavía no nacidos. Son millones de inocentes que no
pueden gritar, ni manifestarse por nuestras calles, ni decirnos su
mensaje. Y que no vengan de decirme que el aborto no es un crimen sino “interrupción
del embarazo”. Por cambiar las palabras no lograran paliar los efectos
demoledores de un asesinato maquillado. ¿Quién se atrevería a decir
que
un asesinato es una simple interrupción de la vida?
Yo me manifiesto contra la guerra que provoca la venta de armas que llevan
a cabo, precisamente, muchos de los países que ahora mismo claman contra
la guerra. Es un inmenso negocio de pingues ganancias que hace que el
mundo esté más inseguro.
Yo
me manifiesto contra la guerra que provoca la brutalidad policial, los
secuestros de personas inocentes,
la plaga del terrorismo o el poder de los aprovechados de siempre.
Yo me manifiesto contra la guerra del hambre y de la miseria
que mantiene estructuras injustas, sufrimientos inacabables o,
simplemente, enfermedades y muerte.
Yo me manifiesto contra la guerra del dinero que compra dignidades
e inocencias, aplasta
a los más débiles y sirve de caldo de cultivo a los poderosos.
Yo me manifiesto contra la guerra de la pornografía infantil que
rompe conciencias inocentes y labra futuros funestos y esclavizantes. No
quiero la guerra de los cínicos, de cualquier profesión, incluso las
relacionadas con lo religioso, que se aprovechan de la inocencia de los débiles
y sencillos.
Yo me manifiesto contra la guerra que provocan los injustos y
vergonzosos sueldos de miseria que mantienen más pobres a los pobres, más
débiles y enfermos a los que carecen de medicinas y de médicos, más
ignorantes a los que no pueden acceder al elemental derecho de la educación.
Yo me manifiesto contra la guerra de la droga, el alcohol o el sexo
sin sexo, que rompe personas, quiebra familias, degrada sociedades y
empeora dia a dia el futuro de nuestro atormentado mundo.
Yo me manifiesto contra la guerra de la calumnia, de la crítica
injusta o de la blasfemia ofensiva que degrada la convivencia humana y
ensombrece el panorama de la solidaridad humana.
Yo me manifiesto contra la guerra de la violencia doméstica, donde
el amor se convierte en agresión, la ternura en arañazo, la convivencia
en dolorosa esclavitud.
Yo me manifiesto contra la guerra del consumismo desaforado, en el
que se vive para comprar, se compra para tener, se tiene para acumular, se
acumula para rellenar el vacío existencial que atenaza millones de
corazones.
Yo me manifiesto contra las guerras religiosas que se atreven a
usar a Dios como si fuera una espada apocalíptica que borra de la faz de
la tierra a los contrarios y mantiene rivalidades insufribles entre
quienes se llaman hermanos.
Yo me manifiesto contra la guerra de las dictaduras infames que
ponen candados en los labios,
mantienen a las personas en las mazmorras de la obediencia ciega, y
que taponan las vías del pensamiento y de la racionalidad.
Yo me manifiesto contra la guerra de las bandas juveniles que
convierten las calles en campos de batalla, las escuelas en cuarteles de
reclutamiento y los sitios de diversión en antros de perdición.
Yo me manifiesto contra la destrucción ecológica de las montañas,
de la contaminación de los ríos, de la eliminación de la flora y la
fauna para montar edificios insufribles, dejando al hombre a la intemperie
de sus propias desgracias.
Yo me manifiesto contra la guerra de los manifestantes sin
conciencia que mantienen viva una doble moral y que saben mostrar como
bueno lo que les conviene y rechazan como malo lo que justifica sus ideas
sectarias siempre a favor de lo que les produce más beneficio.
Yo me manifiesto contra la guerra de los que sólo tienen ojos para
unas ideas revolucionarias maquilladas con palabras de justicia y
solidaridad, olvidando la historia presente y pasada de violentas
dictaduras de izquierda y de derecha que han triturado millones de propósitos
de libertad.
Yo me manifiesto contra la guerra de los valores sin valor,
pregonados de una forma bien estudiada, puestos al servicio del placer sin
freno y de
ideologías caducas y trasnochadas.
Solamente lucharé por una paz sin fronteras, por una solidaridad
sin frenos, por una ternura sin amaneramientos, por una ideología sin
maximalismos engañosos, por una justicia para todos, por una humanidad
sin privilegios para unos pocos, por una visión de la existencia en la
que quepan la familia, la bondad, la fraternidad, la cultura, la educación
y DIOS.
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