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«En verdad, Dios está muy cerca, para
salvar a los que le honran; su gloria vivirá en nuestra tierra.» Salmo 85:9
Santo
evangelio según san Lucas 21, 12-19.
En aquel
tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, os perseguirán,
entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y
gobernadores por causa de mi nombre: asi tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y
sabiduria a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario
vuestro.
Y hasta
vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a
alguno de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un
cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras
almas.
Salmo
Responsorial: Daniel 3: 62-67:
R/.
Ensalzadlo con himnos por los
siglos. 62
Bendigan al Señor, sol y luna,
Comentario: Hay cuatro palabras
que me acompañan siempre a la hora de reflexionar sobre mi entrega al Señor:
entusiasmo, esperanza, valentía y dedicación. Sin entusiasmo la vida se
convierte en un tormento. Es preciso manifestar esa fuerza maravillosa que me
inspira el seguimiento de Jesús. Mientras he sentido esa adhesión fervorosa a la
causa del Evangelio me ha resultado con fuerzas para seguir adelante sin
tropiezo, venciendo escollos y superando los momentos malos. La esperanza verdadera
se basa en la firmeza que nos proporciona saber que Dios está de nuestro lado,
nos acoge y nos mantiene felices.
Ganará al hombre, quién le dé una mayor esperanza.
En nuestro atormentado mundo se frustran excesivas esperanzas que estaban
basadas en la frágil presencia de comportamientos humanos sumamente quebradizos
y banales. Saber de quién nos hemos fiado, confiando en una felicidad que nunca
acabará colma todas nuestras aspiraciones. Seguir al Señor nunca
ha sido fácil. El camino de las bienaventuranzas está regado de espinas.
Solamente pueden transitarlo aquellos que poseen un
talante fuerte y robusto que les hace capaces de las más arriesgadas aventuras.
Con el aliento constante del Espíritu nos hacemos capaces de hacer frente al
maligno que lucha denodadamente para hacernos caer en la tentación. La dedicación
constante, serena e incondicional a la causa de la acción apostólica va
fortificando nuestra voluntad. Si bien, esta dedicación tiene que ir acompañada
de una piedad sin fisuras, de una oración constante, de un discernimiento
continuo. El Reino de Dios sufre violencia. La mies encomendada espera nuestra
labor eficaz. La dedicación exclusiva a las labores del Reino va configurando
nuestra vida. La palabra de hoy nos
augura sufrimientos, cárceles, persecuciones si nos disponemos a dar testimonio
de la verdad. Así le sucedió a nuestro Maestro. Pero, no tenemos que temer, pues
Él nos dará fuerzas para seguir adelante, superando temores y quebrantos. En el
Calvario se produce la gran victoria del bien sobre el mal, auque fuera con el
precio inestimable de la sangre del Cordero. El trabajo denodado
para defender el Nombre de Jesús nos causara contratiempos y dificultades. Pero
nada ni nadie puede contra el Señor. Podemos sentirnos heridos en batallas
circunstanciales, pero al final tenemos el éxito asegurado. Perseverar hasta el
último suspiro en el seguimiento de Cristo nos asegura el premio eterno de un
cielo feliz. (Padre Gregorio Mateu)
Otras
lecturas del día: Daniel 5: 1-6, 13-14, 16-17, 23-28 |
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