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«Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos.
Trata con misericordia a tu siervo.» Salmo 118: 137,
124
Evangelio según San Lucas 6, 20-26
Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos,
les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los
que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora
lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os
excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del
Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa
será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay
si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres
con los falsos profetas».
Salmo 44:
R/.
Escucha, hija, mira: inclina el oído. 1
Oh Dios, hemos oído con nuestros oídos,
Comentario:
Son pocos los que suben a la
montaña con Jesús, ya que subir significa sacrificarse, buscar los caminos duros
del servicio, hasta dar la vida por la causa del Evangelio. Abajo, en el llano,
hay una multitud que espera confiada. Para ellos, también Jesús tiene su
mensaje.
Jesus “levantando los ojos hacia
sus discípulos” les dijo: BIENAVENTURADOS... Son bienaventurados porque siguen a
Jesús, porque le escuchan con atención, porque están atentos a su manera de
vivir, porque guardan en su mente y corazón sus palabras, porque lo han dejado
todo para seguir sus pasos, porque esperan un nuevo reino...
-Dichosos los pobres. Los que se
sienten pequeños, los que se conforman con lo que tienen, los que no buscan
almacenar para poseer. Su tesoro está en el cielo.
-Dichosos los que tienen hambre.
Hambre de amor, hambre de pan, hambre de hogar, hambre de felicidad, hambre de
Dios... Sólo Dios puede saciarlos.
-Dichosos los que ahora lloran. Lloran
al ver la situación de nuestro mundo, al observar las injusticias sociales, al
captar como el pecado contamina los dominios de la bondad..
-Dichosos vosotros cuando os
odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como
infame. Es el pago a la bondad, al amor desinteresado, a la entrega sin
condiciones. Asi fue con Cristo, con los profetas,
con los santos.
Alegrémonos, aún que las nubes negras
del odio caigan sobre nosotros.
Alegrémonos, teniendo la mirada arriba
y manteniendo nuestra mente en Dios.
Alegrémonos, superando dificultades,
criticas y enojos.
Alegrémonos, sabiendo que el mal nunca
tiene la última palabra.
Alegrémonos, pues tenemos a Cristo de
nuestra parte.
Alegrémonos, ya que por la cruz se
llega a la luz.
Alegrémonos, dejando que Cristo actúe
en nuestras vidas.
Alegrémonos, pese a las dificultades,
pues Cristo es nuestra fuerza.
Alegrémonos, con la alegría del
Espíritu que vence la carne.
Los triunfos pasajeros y los
elogios fáciles no suelen tener consistencia, ya que los intereses y la
conveniencia privan sobre la verdad y el genuino amor.
¡Ay de vosotros, los
ricos, los
satisfechos, los que ahora reís, los que estáis saciados!
Todo
esto es pura apariencia, vida sin sentido. Es preciso trabajar, luchar,
esforzarse para conseguir los valores del reino.
Todavia hoy
hay fasos profetas, vendedores de humo espiritual, agentes de la mentira
adornada con oropeles de superficialidad. El oro espiritual se patentiza con el
crisol del dolor y de la lucha.
(Padre
Gregorio Mateu)
Otras
lecturas del día: 1 Corintios 7: 25-31 |
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