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4 de Septiembre
22o Jueves del Tiempo Ordinario

« has calmado por completo tu enojo y tu furor. ¿Acaso vas a prolongar por siempre tu enojo contra nosotros?» Salmo 85: 3, 5 

Evangelio según San Lucas 5, 1-11

La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar». Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Y es que el asombro se había a poderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían pescado; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. 

Salmo 23:

R/.  Del Señor es la tierra y cuanto la llena. 

 1 El Señor es mi pastor;
    nada me falta.
 2 En verdes praderas me hace descansar,
    a las aguas tranquilas me conduce,
 3 me da nuevas fuerzas
    y me lleva por caminos rectos,
    haciendo honor a su nombre.
 4 Aunque pase por el más oscuro de los valles,
    no temeré peligro alguno,
    porque tú, Señor, estás conmigo;
    tu vara y tu bastón me inspiran confianza.
 5 Me has preparado un banquete
    ante los ojos de mis enemigos;
    has vertido perfume en mi cabeza,
    y has llenado mi copa a rebosar.
 6 Tu bondad y tu amor me acompañan
    a lo largo de mis días,
    y en tu casa,
oh Señor, por siempre viviré.
 

Comentario: 

La gente se agolpaba alrededor de Jesús, bien por curiosidad o bien porque deseaban oír de sus labios palabras de vida. En todo caso, vale la pena buscar a Jesús, seguirle, escucharle, aprender, cambiar el corazón, responder a su llamada. El siempre tiene un mensaje positivo para brindarnos. 

Se subió a una barca y moviéndose al ritmo de las tenues olas de la playa, predicaba mensajes de salvación a la multitud expectante. Había dicho: Venid a mí los que tenéis sed y os brindaré fuentes de agua viva. Desde la inmensidad del mar, en el bullicio de las aguas, se muestra como AGUA viva que sacia la sed de los corazones inquietos. Les ofrece el agua viva de su amistad y de su misericordia. Les señala rutas maravillosas dirigidas hacia el horizonte de la felicidad. 

Luego, Jesús confunde a sus apóstoles y les demuestra que sus caminos son los mejores. Han estado pescando toda la noche. Fracaso total. Llega la aurora, las  redes están vacías de peces, mientras Jesus les invita a tirar de nuevo las redes. A pesar de la inoportunidad de la hora, a pesar del cansancio, a pesar de los golpes de mar, a pesar del sol que comienza a brillar. A pesar de todo, se van mar adentro, tiran de nuevo las redes y observan como, en unos instantes, las redes antes vacías, ahora revientan de peces.  

Voy, mar adentro, siempre que Tú, Señor, vayas conmigo.

Voy, mar adentro, confiando en la fuerza de tu Palabra.

Voy, mar adentro, porque sé de Quien me he fiado.

Voy, mar adentro, por rutas sin estrenar porque sé que Tú me guías.

Voy, mar adentro, tirando las redes y recogiendo la pesca.

Voy, mar adentro, aceptando el riesgo y la tempestad.

Voy, mar adentro, porque quiero aprender de Ti, mi Señor.

Voy, mar adentro, porque sé que guías el timón de mi barca. 

Con el Señor, la pesca abundante está asegurada. Siguiendo sus consignas. Aceptando sus enseñanzas. Obedeciendo sus mandatos.  

A todos les invadió el asombro al ver que reventaba la red, tan grande era la cantidad de peces que habían cogido.  Muchos apóstoles quieren hoy realizar grandes obras apostólicas, olvidándose del mensaje de Jesús. Aplican métodos sofisticados, adquieren artes de pesca de gran calidad, buscan información del tiempo atmosférico, del estado de la mar, pero se olvidan de llevar a Jesús en la barca. 

Pedro se dio cuenta de que era pecador. Supo leer el mensaje y aprender la lección. Sus indudables habilidades como pescador se habían visto superadas por las nuevas artes de Jesús. La  fidelidad al Maestro, la humildad en aceptar que no lo sabia todo, el acierto en obedecer sin rechistar sus sugerencias,  produjeron su fruto inmediato. Ya estaban preparados para iniciar su nueva actividad: convertirse en  pescadores de hombres. (Padre Gregorio Mateu) 

Otras lecturas del día: 

1 Corintios 3: 18-23  

Santo del día

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