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«
has calmado por completo tu enojo y tu furor. ¿Acaso vas a prolongar por siempre
tu enojo contra nosotros?»
Salmo 85: 3, 5
Evangelio según San Lucas 5, 1-11
La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra
de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret.
Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado
y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió
que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para
pescar». Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos
pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra,
hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a
los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron
ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro
se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un
pecador». Y es que el asombro se había a poderado de
él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían pescado; y
lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de
Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde
ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo
todo, lo siguieron.
Salmo 23:
R/.
Del Señor es la tierra y cuanto la llena. 1
El Señor es mi pastor;
Comentario:
La gente se agolpaba alrededor de Jesús, bien por
curiosidad o bien porque deseaban oír de sus labios palabras de vida. En todo
caso, vale la pena buscar a Jesús, seguirle, escucharle, aprender, cambiar el
corazón, responder a su llamada. El siempre tiene un mensaje positivo para
brindarnos.
Se subió a una barca y moviéndose al ritmo de las tenues
olas de la playa, predicaba mensajes de salvación a la multitud expectante.
Había dicho: Venid a mí los que tenéis
sed y os brindaré fuentes de agua viva. Desde la inmensidad
del mar, en el bullicio de las aguas, se muestra como AGUA viva que sacia la sed
de los corazones inquietos. Les ofrece el agua viva de su amistad y de su
misericordia. Les señala rutas maravillosas dirigidas hacia el horizonte de la
felicidad.
Luego, Jesús confunde a sus apóstoles y les
demuestra que sus caminos son los mejores. Han estado pescando toda la noche.
Fracaso total. Llega la aurora, las
redes están vacías de peces, mientras Jesus les invita a tirar de nuevo las
redes. A pesar de la inoportunidad de la hora, a pesar del cansancio, a pesar de
los golpes de mar, a pesar del sol que comienza a brillar. A pesar de todo, se
van mar adentro, tiran de nuevo las redes y observan como, en unos instantes,
las redes antes vacías, ahora revientan de peces.
Voy, mar
adentro, siempre que Tú, Señor, vayas conmigo.
Voy, mar
adentro, confiando en la fuerza de tu Palabra.
Voy, mar
adentro, porque sé de Quien me he fiado.
Voy, mar
adentro, por rutas sin estrenar porque sé que Tú me guías.
Voy, mar
adentro, tirando las redes y recogiendo la pesca.
Voy, mar
adentro, aceptando el riesgo y la tempestad.
Voy, mar
adentro, porque quiero aprender de Ti, mi Señor.
Voy, mar adentro, porque sé que guías el timón de mi barca.
Con el Señor, la pesca abundante está asegurada. Siguiendo
sus consignas. Aceptando sus enseñanzas. Obedeciendo sus mandatos.
A todos les invadió el asombro al ver que reventaba la red,
tan grande era la cantidad de peces que habían cogido.
Muchos apóstoles quieren hoy realizar grandes obras
apostólicas, olvidándose del mensaje de Jesús. Aplican métodos sofisticados,
adquieren artes de pesca de gran calidad, buscan información del tiempo
atmosférico, del estado de la mar, pero se olvidan de llevar a Jesús en la
barca.
Pedro se dio cuenta de que era pecador. Supo leer el
mensaje y aprender la lección. Sus indudables habilidades como pescador se
habían visto superadas por las nuevas artes de Jesús. La
fidelidad al Maestro, la humildad en aceptar que no
lo sabia todo, el acierto en obedecer sin rechistar sus sugerencias,
produjeron su fruto inmediato. Ya estaban preparados
para iniciar su nueva actividad: convertirse en
pescadores de hombres.
(Padre Gregorio Mateu)
Otras
lecturas del día: 1 Corintios 3: 18-23 |
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