UN
DIA MUY FELIZ
He
viajado, una vez más, a República Dominicana. Con temor, con esperanza,
con amor, con el corazón abierto, con buenos propósitos, con vivos
deseos de ayudar a sus buenas gentes. La situación del país es
alarmante: más pobreza, más desempleo, más indisciplina. Se ha
disparado la tasa del dólar. Algunos bancos han quebrado. La cesta de la
compra es cada vez más cara. La gente se siente desesperanzada. ¿Hasta
cuando va a durar este calvario?
Desde
FELICIDAD PARA TODOS hacemos lo que podemos. Siguen nuestras actividades.
Aportamos lo mejor para elevar el nivel educativo del país. Todos ya
conocen muy bien nuestra trayectoria. Seguiremos adelante, pase lo que
pase.
Tenemos
apadrinados 106 niños/as en estos momentos.
Reciben nuestra ayuda puntual todos los meses. Queríamos
conocerlos, hablar con ellos, mirar sus ojos, sentir sus ilusiones, llorar
con sus penas. Para ello nos reunimos con ellos y sus progenitores, en el
Colegio Ergos. Fue una experiencia inolvidable.
Su
mirada de agradecimiento, su felicidad desbordante al participar de la
fiesta, su satisfacción al vernos, llenaba plenamente nuestra cuota de
felicidad. Es verdad que somos muy felices al disfrutar de la oportunidad
de dar y de darnos. Al final, nosotros somos los que más recibimos. He
dicho muchas veces que no me gusta la limosna ofensiva. No quise en ningún
momento que estos pequeños se sintieran humillados por su situación de
precariedad. La justicia más elemental nos obliga a compartir con los demás
lo mucho que hemos recibido. Los pobres son mis hermanos más queridos.
Les
doy lo que les pertenece y que algunos espabilados nos hemos apropiado.
Compartir no es un consejo, sino un deber. Ojalá llegue pronto el día en
que todo ser humano tenga lo necesario para vivir. Eduquemos para que cada
ser humano sea el agente de su propio desarrollo.
He
sido muy feliz con estos niños y sus familias. Aparentemente no tienen
nada. Pero, la realidad es que tienen muchas cosas, y bien lindas: Una
hermosa sonrisa de agradecimiento, una esperanza indestructible, unos
inmensos deseos de vivir, una bonita capacidad de gozar, un profundo sentido de agradecimiento, una capacidad de
amor que no tiene limites.
Todo
esto y mucho más me han dado en un solo día. Y, la verdad, este ha sido
uno de los días más felices de mi vida.
P.
Gregorio Mateu

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